Alma by Lorenzo Delgado Santos

Alma by Lorenzo Delgado Santos

autor:Lorenzo Delgado Santos [Delgado Santos, Lorenzo]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2022-03-15T00:00:00+00:00


Los especialistas

Toda obra que se precie ha de contar con el concurso de especialistas. Ellos son los que mejor conocen la materia prima, los que saben cómo moldearla a su gusto y, cómo no, los encargados de ensamblar, articular, vincular todos los elementos que la componen para que, ante cualquier eventualidad, por grande que sea, no acabe desmoronándose. Rius y su socio eran especialistas. Recalde, un simple peón.

La mañana en la redacción había sido algo anodina. Don Leonardo le había preguntado si sabía algo del cadáver del cañar y él se excusó con que, pasado ya tanto tiempo, el tema no tenía ningún interés para los lectores. Hizo hincapié en la teoría del robo al pobre emigrante que manejaba Marcial y descartó que se tratase de un ajuste de cuentas entre anarquistas y gentes de los sindicatos libres a sueldo de los patronos. Aunque esta última había sido la línea de investigación que él había seguido tras enterarse de lo de los libros, hasta que renunció a seguir con aquel asunto arrastrado por los acontecimientos.

Salió del periódico y se marchó a casa. Al llegar al rellano, vio que la puerta estaba abierta. ¿Se había adelantado su madre? Entró. La ropa de los cajones de la cómoda estaba tirada por el suelo, las camas revueltas y los colchones acuchillados. ¿Ladrones?, pensó. Recorrió toda la casa con miedo. Vio el cajón de la mesa destrozado, los cubiertos dispersos por el suelo, las cámaras de fotografiar despanzurradas, el proyector hecho añicos, los cacharros de la cocina descolgados de sus alcayatas y derribados de sus estantes. Todo era un caos. Respondía a una sañuda búsqueda de pruebas inculpatorias. Los había amenazado y… le respondieron. Pero ¿cómo se habían enterado de que él…? ¿Alma? Se asustó. Intentó serenarse arreglando aquel desaguisado. Cayó entonces en la cuenta.

—¡La película! —gritó.

Corrió a toda prisa hacia el cajón del carbón de la cocina y excavó con sus propias manos. La carbonilla le obstruía las vías respiratorias y le ennegrecía la cara; tosió acezando. Sonó un golpe metálico al alcanzar los dedos la lata. Suspiró profundamente. Estaba a salvo. Los asaltantes habían obviado aquel sitio. Hizo bien en ponerla allí. Asustado pero consciente de que su madre no podía saber nada de lo que había sucedido, redobló su esfuerzo para tenerlo todo lo más parecido a cuando habían salido aquella mañana. Tenía un problema: los rajados colchones. Arregló el suyo tapándolo con las sábanas y la colcha y buscó solución para el de su madre. Recordó entonces al matalafer, el colchonero que, a espaldas de San Esteban, arreglaba aquellos jergones de bálago a muy buen precio. Después de dejarlo todo arreglado, salió en busca de un repuesto, cargado con el destrozado colchón y sudando a chorros. Con la ayuda del artesano y uno de sus aprendices tuvo el nuevo jergón en casa en menos de una hora, el tiempo justo para que su madre no se diese cuenta. La pobre mujer, muerta como estaba de tanto bregar en la repostería, no notó la diferencia y durmió como una bendita ajena al desaguisado.



descargar



Descargo de responsabilidad:
Este sitio no almacena ningún archivo en su servidor. Solo indexamos y enlazamos.                                                  Contenido proporcionado por otros sitios. Póngase en contacto con los proveedores de contenido para eliminar el contenido de derechos de autor, si corresponde, y envíenos un correo electrónico. Inmediatamente eliminaremos los enlaces o contenidos relevantes.